Los finales felices no son para siempre
Reafirmo mi necesidad de escribir y mi terquedad de fracasar en este medio por pura supervivencia y amor propio. Yo que no le tengo en lo absoluto nada de respeto a mi vida. Yo que no busco ser mejor ni cambiar el mundo con lo que escribo. Yo que digo tanto y no hago nada.
Nunca he sido amable para
escribir. No busco satisfacer a nadie con mi vómito mental y hoy, después de
tantos años en pausa, retomo el maníaco parpadeo del cursor de texto. También
he perdido y fracasado en eso de la vida, sobre todo en eso de conservar lucidez
y amigos. No me malinterpreten, no me arrepiento de nada, pero soy una persona
de rutinas y de regresar a los lugares en los que fui feliz. Realmente tuve
poca participación en aquella necesidad protozoaria de escritura
preparatoríana que algunos nos gusta llamar “El Nahual”, pero las tardes de
planeación accidentada y las publicaciones en copias del Cenlex formó una
necesidad inminente de no dejarlo morir tan fácil y menos a costa del ego
propio y de otros.
La Vocacional 10, las tardes de
no entrar a clases, de oír la guitarra de un compa que prefirió su ego a
nuestra amistad. El huir de los perfectos y los polis para que no nos quitaran
la credencial, los ETS. Que nos tacharan de porros por vender “panfletitos” en
forma de revista por 10 pesos, los poemas feos pero muy sinceros, teatro y sus
improvisaciones, la mota en las canchas y todo eso que era para nosotros la
vida en una vocacional que nos hacía sentir reclusos. Todo eso era el Nahual
para una bola de chamacos indisciplinados queriendo cambiar el mundo. Esa era
nuestra manera de sobrevivir a la mancha gris que deseaba sabotearnos los
ideales.
El Nahual se transforma,
cambia de apariencia, pero no de esencia y hoy está más vivo que nunca.
Volvemos a las andadas y ya no somos unos niños. Aprendimos la necesidad de la
metamorfosis para sobrevivir y ser más fuertes. Es cierto, reímos menos y ya no
vamos tras cada sueño porque nos aferramos a lo que sí podemos hacer real. Ya
no deseamos comernos el mundo a mordidas, nos indigestamos de ilusiones y ahora
saboreamos las oportunidades.
Los esperamos en septiembre con
la nueva versión de “El Nahual Errante”.



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